La Banqueta
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felipe_pillo's LiveJournal:
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| Sunday, December 31st, 2006 | | 7:44 pm |
nueva dirección lotebaldio.blogspot.com | | Wednesday, December 13th, 2006 | | 3:40 am |
No se porqué pero me cansé de los weblogs literarios, aparte ya no escribo mas artículos en el periódico es imposible tener tantos trabajos, asi que si por casualidad entraste vete a mi otro weblog lotebalido.blogspot.com/ pillo | | Saturday, April 15th, 2006 | | 8:40 pm |
Pequeñas trayectorias
Sufjan Stevens es un cantautor americano que ha decidido hacer un disco para cada uno de los Estados que componen Estados Unidos. Mas allá de la percepción que se tiene de tan odiado país, Sufjan decide dar voz a personajes singulares y desfavorecidos que contrastan con los estereotipos de la nación más poderosa del mundo. Musicalmente el centro de su propuesta es el revisionismo del folk americano, al cual le da un toque contemporáneo inundándolo de pop, jazz y de corales que acentúan el tono dramático de las canciones. Lo cual crea un conjunto al que podíamos denominar música narrativa. En sus textos musicales encontramos la historia de algunos de los lugares más emblemáticos de la cultura popular americana como Detroit, cuna del fordismo y por ende de la filosofía moderna de producción, y como contrapunto nos cuenta la historia de los personajes que rodean esta cultura en extinción, trabajadores que pierden sus puestos de trabajo y al mismo tiempo la capacidad que tienen sus manos para darle sentido a la vida. Esta contraposición narrativa nos presenta en perspectiva el auge y el declive del corazón simbólico de los Estados Unidos, de su fuerza inicial y de su melancolía actual. Un álbum de Sufjan Stevens es en realidad un Bitácora que busca darle sentido a su viaje, y que al igual que Sebald (Salvando las distancias), utiliza varios apoyos narrativos para construir una historia personal. Los textos, en muchas ocasiones de indudable belleza, recuerdan que quizá es Estados Unidos el país donde más influencia ha tenido el viaje como experiencia vital y como fuente de inspiración en todas las formas artísticas. No olvidemos que el mito fundador de la nación Americana esta fuertemente relacionado con el viaje y la expansión territorial. Sin embargo creo que la clave con la cual el método de este músico nos permite acceder a la vida, es precisamente al situar éstas microhistorias en un contexto geográfico e histórico más general, puesto que mediante el establecimiento de pequeñas trayectorias podemos situar a los personajes en el devenir de la historia. Es a través de esta contextualización que tanto los personajes como los lugares en general pueden recuperar algo de su dignidad perdida. Al final la historia no es más que una bitácora de viajes, donde recolectamos información y para posteriormente narrarla con un sentido, y que mejor sentido que aquel que nos otorga dignidad. | | Thursday, February 23rd, 2006 | | 2:00 am |
Mirar lugares.
Me despierto, estoy en Furstenwalde, una pequeña ciudad que esta a unos 40 minutos de Berlín y donde vive la familia de mi novia. Observo por la ventana, afuera caen grandes copos de nieve que en lo que va de la mañana ya han dejado todo el paisaje blanco. Me acerco hacia el cristal y me quedo mirando sin saber exactamente que, por un lado me sorprende como las dimensiones del paisaje cambian, la profundidad antes tan evidente ahora ya no lo es, tengo la impresión que la distancia entre las cosas se ha reducido. Por otro lado también me sorprende como objetos tan grande caen al suelo sin hacer el mas mínimo ruido. Esa forma de mirarlo todo sin saber a que poner mas atención es en si misma causada porque no tengo ninguna experiencia anterior que pueda darme pistas de cómo mirar, es una mirada por lo tanto nueva, algo similar a aquello que le ocurre a un niño cuando se sorprende con las cosas mas mínimas. La mirada trae siempre consigo toda la experiencia anterior, uno observa varias veces algo y dependiendo de nuestra experiencia podemos mirarlo de varias maneras distintas. Resulta curioso como viajar muchas veces puede ser el único procedimiento mediante el cual podemos encontrar experiencias de este tipo. Uno también viaja para mirar, para situarse media hora enfrente de la barranca del Cobre y ver como el río que esta justo debajo de nosotros es ahora un hilo delgado que antes tuvo que partir el valle, o subimos estrechas veredas para llegar a la punta de aquel cerro desde el cual podremos ver un panorama amplio de la playa del Tecolote en Baja California. Mirar es quizá la actividad favorita del turista, pensemos en el contraste de la forma de caminar que tiene un turista y la forma de caminar de un habitante en la misma ciudad, reconoceremos inmediatamente al turista por su forma de caminar con la mirada hacia arriba observándolo todo, registrándolo todo en sus máquinas para mirar, mientras que seguramente el transeúnte común y corriente caminara mirando hacia el frente, o viendo las líneas que se dibujan en el pavimento de la banqueta. Aunque algunas veces también viajamos porque necesitamos mirar algo de nuevo, ver como ha cambiado, o como nuestra mirada ha cambiado. Seguro que todos alguna vez hemos vuelto a un lugar que tenia mucho tiempo que no mirábamos, y seguro también que nuestra percepción del lugar ha cambiado, que el ritmo que tienen los lugares no lo percibimos de la misma manera que antes y que aquellos colores que antes nos parecían de un modo ahora nos dejan otra impresión. Este es un ejercicio que Goerges Perec se propone hacer en el libro especie de espacios y que se basa en mirar los mismos lugares en distintos tiempos y anotar la descripción para después poder comparar nuestras miradas y también nuestra memoria. Ambas formas de mirar tienen algo de viaje de regreso. Por una lado el viaje como experiencia que nos permite ver sin todo el peso de nuestra vida como alguna vez lo hicimos, y por otro lado buscar aquella mirada anterior que ahora quizá no compartimos pero que nos deja un punto de comparación entre lo que éramos antes y lo que somos ahora. | | 1:41 am |
Huracanes en Houston.
Corría el principio de los ochentas y yo me disponía a realizar mi primer viaje solo. Apenas tenia unos ocho años y por aquella época no tenía muy fija la idea de la culpa, así que eso de irme a un campamento infantil a Houston debido a la muerte de mi tío no era un fenómeno que me preocupara. De hecho con el tiempo, cuando en realidad me di cuenta de la causa por la cual yo fui a ese campamento me hizo comprender los designios de la suerte. Un suceso doloroso se convierte de repente en una alegría que yo no esperaba. Sentirme culpable, seria inflar mi ego, la suerte no tiene explicación. Esa misma suerte extraña, fue la que me llevó con mi primo hasta Camp Mansión en Houston, Texas. Camp Manison era una pequeña aldea para niños donde se podían realizar todo tipo de actividades que supuestamente hacían los grupos originarios de EUA, como tiro con Arco, montar bellos caballos y disparar con pistolas. Nuestro dormitorio era una cabaña que compartíamos con dos chicos de Veracruz, dos de Monterrey, y varios norteamericanos. En las noches nuestra máxima diversión era organizar pequeñas batallas campales con almohadas, y luego, hacernos los dormidos cuando llegaba nuestro supervisor. De aquel viaje recuerdo la poderosa dicotomía que significaba para mi viajar con mi primo, aunque ambos somos de la misma edad, nuestra aproximación al mundo era radicalmente distinta. Mi primo era todo píes en la tierra, mientras que yo era un sujeto en disolución, incapaz de organizarme, vivía soñando y perdiendo objetos que luego mi primo siempre encontraba para luego, con tono paternal y exigente, devolvérmelos. Mientras que yo imaginaba como es que aquellos objetos habían llegado justo al lugar donde los encontraba mi primo. Varios sucesos marcaron mi vida desde aquel viaje y se instalaron en mi memoria. Uno de ellos fue el descubrimiento de seres no católicos, lo que para mi era semejante al descubrimiento de seres de otro mundo. Otro fue que, con ocho años y con permiso de no se quien, hice mis primeros y últimos disparos con un arma de verdad, cosa que supongo es normal en aquellas latitudes Texanas. También recuerdo muy bien mi fuga de dos horas del cuarto de Cine para no ver E.T., ya que me aterraba. Pero lo que recuerdo con más fuerza es la tarde y la noche en las que un Huracán pasó justo encima de nuestro campamento. Durante la tarde cuando el huracán aun se aproximaba nos dejábamos arrastrar por el viento con los impermeables abiertos, pegábamos un saltito y la fuerza del viento nos dejaba unos metros más adelante. Y ya en la noche, recuerdo el sonido del mar golpeando con fuerza la pared que estaba detrás de mi cama, cosa no muy normal si tomamos en cuenta que no había mar y que sólo era el sonido del un pequeño arroyo que un día antes era inofensivo. Finalmente regresé a México con la maleta casi a la mitad, pues mi primo no fue capaz de recuperar todos esos objetos que el azar o el huracán dejó en sitios desconocidos. Como en los huracanes, hay algunas cosas en los viajes que son lo mas similar a la suerte, imposibles de controlar y que sin embargo nos arrastran a otro lugar con un pequeño saltito. | | Wednesday, November 16th, 2005 | | 1:08 am |
Moreiras.
Para Olga Domínguez. Un deseo muchas veces se siente cómodo sólo como deseo, por lo que cuando estamos apunto de cumplirlo siempre nos preguntamos si vale la pena renunciar a ese deseo, y convertirlo sólo en un evento. Nuestros deseos reciben a nivel imaginario un lugar específico y es la lejanía de este lugar específico también lo que nos lleva a movernos. En este sentido se hace el viaje para cumplir un deseo en un lugar determinado y luego convertirlo en anécdota o remembranza. Siempre este proceso nos hace un hueco en el pecho, primero el hueco del deseo y luego el hueco de la añoranza. Todo esto viene a cuento porque hace unas semanas acompañé a mi madre a Moreiras, en Galicia, en busca del sitio donde nació su padre. Para ella, el viaje era su segundo intento para encontrar lo que de alguna manera ya había perdido, pero que sin embargo está presente en sus relatos, en su forma de ser madre y en su forma de ser hija. Yo estaba ahí sólo como un testigo, como una demostración de que todo lo que sucedía era real, esta realidad que a veces se nos difuminó cuando buscando el pueblo llegamos a otro que parecía no tener nombre. Este pueblo estaba lleno de casas de concreto gris donde la única calle sólo tenía perros, que estaba tirados con el pecho sobre el pavimento apenas tibio por los rayos del sol. Una vez estacionados, mi padre decidió ir a preguntar en el único triste bar del pueblo y en menos de un minuto se vio rodeado de personas mayores que le gritaban y le hacían preguntas, mientras un señor desde su balcón y con un plato de albóndigas en la mano le decía a mi padre que si no sabía que buscaba pues que no debería buscar. Mi madre por fin rescató a mi padre de semejante delirio y apuntó que buscábamos Moreiras. Después de 5 versiones de cómo llegar, preferimos seguir las instrucciones de una señora que daba la sensación de mayor sensatez. Subimos al coche entre aturdidos y divertidos, nos dirigimos ya más serenos a Moreiras, para lo cuál tomamos una desviación de la carretera que une Ourense y Pontevedra, el camino era apenas los suficientemente ancho como para que el coche pudiera circular. Justo cuando pasamos la primera colina encontramos un pueblo vacío y con varias casas de piedra. Era difícil saber donde estábamos, todo parecía un poco desconcertante. Bajamos del coche y en una banca que está justo detrás de una fuente, y a un lado de la capilla encontramos un pequeño letrero que nos indicaba que estábamos en Moreiras. Algo nos dejó silenciosos. Mi madre caminaba con la cabeza mirando al suelo y se dejaba guiar por nosotros, murmuraba algunas cosas y opinaba que quizá ese no era el pueblo. Mi padre y yo nos obstinamos decidimos tocar en la primera casa del pueblo donde pareciera que existía vida. Un señor de edad mayor nos recibió, y nos ofreció todo lo que podía, agradecidos rechazamos su oferta. Él, mientras nos indica quien nos podía ayudar, fingía que no le molesta nuestro rechazo. Nuestro segundo informante era una señora de unos 84 años de nombre Aurora. También ella nos dejó entrar a su casa y también nos ofreció todo, mi padre y yo conmovidos, rechazamos la oferta. Ella finalmente nos indicó que debíamos buscar en el cementerio. Caminamos todos por el pueblo como sombras y apenas hablamos. Ya en el cementerio encontramos rápidamente las tumbas de la familia Alonso. Era un hecho, estábamos en el pueblo donde mi abuelo nació y creció para luego irse a México. Unos minutos después dejé un rato a solas a mis padres, mientras, caminé entre casas abandonadas por la pobreza de principio de siglo donde ahora sólo quedan árboles que crecen dentro y que salen por las ventanas o salen por el techo. Al final una nueva informante nos indicó cual fue la casa de mi abuelo, cual su jardín y donde bailaba cuando hacía sus fiestas, mi Madre agradecida abrazó a la tercera informante. Lo último que hicimos en el pueblo fue beber agua corriente de la fuente del pueblo, el deseo de mi madre estaba cumplido, y ahora le queda narrarlo. | | Sunday, September 4th, 2005 | | 6:57 pm |
Habitar.
Caminar por una acera hasta darte cuenta que cuando pasas por una tienda te tienes que agachar porque sino te abres la cabeza. Saber como atravesar la calle por el lugar menos indicado sin que tengas que pasar ningún tipo de peligro. Llegar por distintos caminos a tu casa sin la necesidad de repetir la ruta inicial. Conocer un bar en el cual sabes que nunca te van a fallar. Sentarte en una banca durante las tardes y ver a los niños burlarse de tu idioma, dices uno y se ríen, dices once y se ríen. Encontrar el significado de palabras absolutamente irreconocibles sólo por el hecho de observar que sucede adentro de los establecimientos. Darte cuenta que las peluquerías son más comunes que las panaderías. Saber donde se vende el mejor pan, donde se come barato, cual es la mejor agua mineral, cuales son los mejores cigarrillos. Descubrir que hay queso de queso, que es casi como beber agua de agua. Mimetizarte tanto que al final, los otros se tocan la muñecas y te dicen algo incomprensible, tu te das cuenta que te preguntan la hora, “no se” contestas en español. Pensar que por algún momento los cielos de la ciudad en verano son los mismos que los de Orizaba en invierno. Saber que en el metro siempre hay revisores que te piden el boleto de viaje, y que eso nunca sucede en el tranvía. Tener en cuenta que en el mercado de la ciudad sólo compran los turistas y no la gente local. Tener la certeza que hay un bar que nunca cierra, y al cual sólo se puede llegar en taxi. Descubrir que el barrio peligroso no lo es, que hay más librerías que hoteles y que la llave de la casa sólo abre con un pequeño empujoncito a la puerta. Probar que los pimientos alargados pican como si fueran chiles Jalapeños. Observar que estacionarse en la banqueta está absolutamente permitido. Esperar que el café siempre venga acompañado de un pequeño vasito de agua mineral. Notar que cuando escriben un nombre siempre va primero el apellido, seguido del nombre de pila, pues talvez esperaran decir presente cuando el profesor diga su nombre. Mirar que un edificio que estaba en obras cuando llegaste ya está reparado, y por lo mismo cambiar tu itinerario para pasar frente de él y observar su extraña belleza. Casi siempre los hábitos se hacen sin querer, pero alguna fuerza dentro de nosotros los moldea como si fueran parte de nuestra personalidad. Ahora ya, aquella banca en la que nos sentamos a descansar, o aquel bar en el que leemos el periódico, o aquella mesa de ping pong son nuestros. Saber que a pesar de todo eso nunca dejarás de ser turista en Budapest. | | Tuesday, August 9th, 2005 | | 5:21 pm |
Porto, el centro como pérdida.
La famosa palabra portuguesa saudade no tiene traducción en el castellano, su significado se remite a una tristeza muy suave e incluso agradable. Tal vez la melancolía en castellano es una palabra similar, pero sólo se transformaría en sinónimo en el momento en que esta melancolía produjera cierta alegría. Es curioso que un idioma tenga o no una palabra precisa para un sentimiento, como si el hecho de poder nombrar el sentimiento pudiera hacerlo existir. Aunque es precisamente el hecho de nombrar lo que hace que el sentimiento se nos escape, como aquel sobrero que Chaplin quería sujetar y cada vez que lo intentaba, lo pateaba. Todo esto lo digo por el extraño placer que provoca una ciudad casi decadente, con paredes y edificios al borde del derribo, con calles y personas que salieron de un siglo que no corresponden a la actualidad. Con escaparates de tiendas donde los productos parecen haber superado su fecha de caducidad y donde las paredes llenas de mosaicos y azulejos, recuerdan a una casa habitada por una familia burguesa en sus años resignados a ser clase media y que, aun así, entre tantos palacios, casas con balcones y puentes de acero, su orgullo permanece intacto. Además, sus empinadas calles que dan al río no parecen estar hechas para las personas que las habitan, casi siempre viejos que suben y bajan con toda la dificultad del mundo, lo mismo sucede con los tranvías que se sujetan de las cuerdas para ir cuesta arriba y que mediante rechinidos también se quejan de su vejez. Porto es una ciudad donde por fortuna una turista con el pelo pintado de Rubio jamás diría: “es divina”, pues todo el esplendor de aquellos siglos donde los portugueses navegantes llenaron sus ciudades de riquezas parece ahora extinto. Por esta razón es curioso observar como más allá del centro, la ciudad se vuelve moderna y dinámica, entonces da la impresión de que el centro permanece así por placer, por el disfrute de la pérdida. Si tal como dice Barthes, la ciudad es un texto cuyos significados son ordenados a partir del centro, entonces nos encontramos en Porto con un texto que ordena sus significados a raíz de la pérdida o al menos de la decadencia. En este momento es cuando quizás se entiende por que el portugués tiene una palabra especial para gozar de este sentimiento. | | 5:15 pm |
El teatro romano.
Tres fines de semana consecutivos estuve planeando irme a Girona, una ciudad al norte de Barcelona que es famosa por su centro histórico, su barrio judío y por ser la ciudad con mayor calidad de vida de España, sin embargo por distintas razones pospuse este pequeño viaje. Por fin hace dos Domingos y después de no salir la noche del Sábado, me desperté a temprano, tomé mi bicicleta, compré el periódico y me fui a la estación de ferrocarriles dispuesto a cumplir mi visita. Una vez ahí, después de tener todo planeado decidí por impulso ir a Tarragona, es decir en dirección contraria. Tomé un tren que recorre toda la llamada costa dorada, un recorrido que a pesar de su nombre que es sólo una prolongación de urbanizaciones al lado de la costa, llenas de campos de golf, apartamentos de verano y playas abarrotadas de turistas. En España ya casi no existen costas que no estén urbanizadas. Por fin dos horas después llegué a Tarragona, una ciudad situada en una pequeña montaña a la orilla del mar mediterráneo. A diferencia de Barcelona que es famosa por ser una ciudad marítima que vive de espaldas al mar, Tarragona tiene la particularidad de ser una ciudad donde la vista al mar juega un papel importante en el paisaje urbano. Incluso en la ubicación de las ruinas del teatro romano se puede observar como ya desde entonces la ciudad tenia una estrecha relación con la vista al mar. Cuesta arriba del teatro se encuentran los restos de la ciudad medieval. Calles estrechas, iglesias, pequeñas plazas, y un mercado ambulante, sólo acompañados de unos cuantos turistas que recorren el casco antiguo o algún habitante local que se asoma desde su balcón, pues sabe que el sol apabullante de finales de julio se soporta más en casa o en el mar. Bajando una calles más se localiza la rambla principal que se extiende por gran parte de la ciudad y que comienza en un mirador justo arriba del teatro romano. La continuidad de este paseo ocurre en espacio y tiempo, comienza con edificios de finales del siglo XIX y principios del siglo XX y continúa por diversas épocas hasta llegar, unos kilómetros después, a un bloque de edificios de construcción reciente. En este punto la calma del caluroso domingo sólo es interrumpida por un carrito con unas bocinas que anuncia el encierro de la tarde en la plaza de toros, unos turistas americanos absortos detienen su conversación al ver un fenómeno tan extraño para ellos como tan cotidiano para los demás. Ya, al final de la colina y sólo separado del mar por la vías del tren, hay un típico barrio de “ciudad de puerto”, y que podría estar en cualquier puerto del mundo, será por eso que los que lo habitan son personajes de cualquier país del mundo. El día se acaba, los bañistas dejan la playa y regresan a sus casas u hoteles. Cuando subí al tren de regreso pensé en el final de una obra del teatro romano. | | Monday, July 4th, 2005 | | 11:21 pm |
Fronteras borrosas.
Viajar implica siempre la transición de espacios que cambian, pasamos fronteras que muchas veces son sólo imaginarias, pero que siempre distorsionan la percepción de ser del lugar o de ser un extranjero. Normalmente se tiene la idea de que la frontera es un lugar estable, aunque en la vida cotidiana las fronteras siempre se nos muestran borrosas como si sólo se diluyeran kilómetros después de su delineación original. Tres fronteras borrosas nos sirven de ejemplo. La frontera en el cielo: entre Ciudad Juárez y El Paso, la frontera es más visible en el cielo, mientas circulas por la carretera del lado americano puedes observar como el cielo, azul de un lado, contrasta con el tono naranja del otro. Una frontera tan clara a veces se diluye cuando el aire cambia de sentido y repentinamente el paso se convierte en una de las ciudades con mayor contaminación atmosférica de los Estados Unidos. El capital que circula sin necesidad de pasaporte, aprovecha la mano de obra de las mujeres mexicanas que luego, sin quizás saberlo, se montan en una cadena de producción que inicia en México y que al final concluye con una ventisca que deja el desperdicio de la producción flotando arriba del Paso, Texas. Una frontera, varios países: hay un punto en Alemania, donde hace apenas 15 años existían tres fronteras que dividían tres países, Checoslovaquia, La República Federal Alemania y la Republica Democrática de Alemania. El lugar esta situado entre varios montes pequeños, algunas granjas y un río que atraviesa los tres lados, uno puede pasar de un país al otro sin que nadie diga nada. Lo curioso es que Alemania ahora es un sólo país y La Republica Checa está separada de Eslovaquia, pero la frontera sigue ahí como lo único inmutable. Frontera fuera del país: Redwood City es un suburbio en de la Zona Metropolitana de San Francisco, la ciudad también es conocida como la segunda Michoacán por la alta concentración de inmigrantes michoacanos que se han instalado en esta población. Mientras los estilos de vida se funden, colisionan y genera grietas en la identidad del inmigrante, las calles se van llenando de hoyos, sin embargo estos hoyos desaparecen al pasar una calle que separa Redwood City y Palo Alto, uno de los barrios residenciales más caros de los Estados Unidos. Es como si el inmigrante llevara la frontera bajo sus pies. | | Friday, June 3rd, 2005 | | 6:54 pm |
Caminar.
El fin de semana asistí a una exposición de Francis Alÿs en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA). El tema básico de la exposición y gran parte de su obra nace de su visión de la ciudad al caminar, y aunque no es el primer artista que centra su obra en dicho tema, si es uno de los que más han insistido en el acto de caminar como una forma de experimentar las sensaciones de lo otro en la ciudad. Los orígenes de la relación caminata urbana-arte pueden proceder del París del siglo XIX y los multicitados “flaneurs”, observadores de la ciudad que experimentaban los cambios de la cultura moderna a pie, y cuyas observaciones muchas veces terminaban recogidos en poemas como en el caso de Baudelaire. Posteriormente estos “flaneurs” serían inmortalizados por Walter Benajamin y sus escritos sobre la cultura moderna, los pasajes y los escaparates de París. Unos años después, los surrealistas y los dadaístas harían de las caminatas unos paseos aleatorios que culminaban cuando se encontraba el motivo de su deseo, de alguna manera lo que proponían era llenar a la ciudad de mapas del deseo y al mismo tiempo mostrar que todo camino aleatorio era en realidad un camino al fondo del deseo, por lo cual negaban la existencia de cualquier casualidad en la ciudad. A similar postura llegarían Debord y los situacionistas con su “derive” o caminata urbana psicogeográfica, los mapas no representaban espacios, sino emociones. En la actualidad Francis Alÿs y en algún sentido su par literario Paul Auster, nos muestran como el caminar es un tránsito que sirve para hilvanar historias que se extienden en la ciudad como si esta fuera un texto lleno de signos y escrituras. En un cruce entre ambos artistas encontramos también el cruce entre las calles y el arte, entre la ficción y la belleza de la vida. Francis Alÿs recorre la ciudad de México (espacio principal de su caminar) y nos muestra esos rincones que muchas veces nos negamos a ver de un país, que vía contrastes y pobreza, se balancea entre el mundo moderno y el mundo pre-revolucionario. Y creo que de ahí proviene el interés de la obra de este singular artista, de su capacidad para mostrarnos que el caminar por la ciudad significa enfrentarnos a lo otro, de verle la cara y de ser capaz de encontrar ahí la belleza contradictoria que el mundo moderno conlleva. Caminar sin objetivo preciso es un acto narrativo e introspectivo, que tal vez ejecutamos mas comúnmente cuando viajamos, pero que nos permite conocer los textos escritos y leídos en las calles, nos gusten o no. | | Saturday, May 7th, 2005 | | 8:45 pm |
Las palabras y las costas.
En Febrero del 2000 un amigo y yo decidimos hacer un viaje por las costas cercanas a Palma Sola, Veracruz. La idea era dedicarnos unos días a caminar, hablar, y si era posible divertirnos mucho. Aunque nuestra amistad surgió años antes, y tenemos varios gustos en común como la pintura, en especial el trabajo de José Guadalupe Posadas, resulta curioso que muchos de nuestros diálogos siempre han sido poco serios. De hecho muchas veces cuando intentamos hablar de algo seriamente, yo tenía la sensación de que perdíamos una oportunidad importante de reírnos de algo, tal vez de ahí el gusto común por Posadas. Así, con nuestra peculiar amistad llegamos a la Villa Rica y en ese mismo día realizamos la primera camita, que consistió en un paseo por las dunas del lugar. La camita se tornó muy divertida, pues andar por las dunas representa la oportunidad de subir y bajar de mil formas diversas, de saltar y quedarse tendido un buen rato en el lugar de la caída, y por sobre toda las cosas el placer apreciar la suavidad con la que aire va cambiando la forma de los pequeños montecitos. Al día siguiente subimos a Quiahuiztlan, un cementerio Totonaco situado en lo alto del Cerro del Metate, justo enfrente de la Villa Rica. Si bien, es un lugar maravilloso tiene la suerte de ser poco frecuentado por lo turistas, razón por la cual nos sorprendió llegar y encontrarnos una taquilla con un vigilante. Una vez pagada la entrada decidimos hacer exactamente lo que el vigilante nos prohibió hacer, no pasar de la cerca que rodeaba el cementerio totonaco, ya que argumentaba que la zona posterior todavía no estaba arreglada para los turistas. Afortunadamente, al no hacer caso de su prohibición, llegamos al juego de pelota que estaba rodeado por algunas pequeñas construcciones, que a su vez se encontraban cubiertas por unos árboles que las estrujaban con sus raíces. Ahí mi amigo y yo, nos sentamos para contemplar una esplendida vista del mar, e imaginamos como es que se habría visto desde ahí la llegada de Cortés. Creo que ambos tuvimos la impresión de que Quiahuiztlan fue construido ahí para esperar la llegada de algo. En el tercer día caminamos desde el faro de Boca de Ovejas a boquilla de Piedra. Ahí nos sorprendió descubrir que en Veracruz todavía existen playas donde las únicas huellas en la arena, a parte de las nuestras, eran la de los pájaros. El camino, de dos horas aproximadamente, lo hicimos entablando un diálogo sin sentido en el que mi amigo y yo representábamos el papel de dos viejos campesinos de Alabama. Hablamos de ovejitas, de casas de palmera y algún otro sueño campirano. Al llegar a boquilla de Piedra, nos esperaba mi tío, el cual nos sirvió como premio a nuestra caminata una deliciosa cazuela de Mariscos que superaba por mucho el tamaño de mi estómago. Mientras comíamos mirábamos las espeluznantes construcciones que se hacen en las costas Veracruzanas, y que dañan sin contemplaciones el paisaje costero. Finalmente, y con ese extraño sentimiento que todos llevamos en el pecho cuando terminamos nuestros viajes, regresamos. Pero como mi amigo y yo nunca hablamos de esas cosas, regresemos en el coche hablando todo el tiempo en décimas, al puro estilo del Son Jarocho. Así, la risa diluyo esa pequeñita tristeza. | | Sunday, April 10th, 2005 | | 4:32 pm |
Un viaje cuenta un viaje.
Vamos conduciendo por el espinazo del diablo, una carretera escarpada que tiene a mi compañero de viaje muy nervioso, creo que maneja mucho mas despacio de lo que la prudencia ordena, me parece que el nombre de la carretera es lo que hace que sea exageradamente precavido. Hace calor y vamos como a 35 km por hora, en el asiento trasero nos acompañan una chica australiana y una chica americana, ambas decidieron desde el primer momento viajar con nosotros hasta besarnos. El camino transcurre desde Los Mochis hasta Durango y en el transcurso de la subida un detalle nos deja sorprendidos, vemos caminado por la carretera a un tipo con pantalón de mezclilla, barba larga y mochila, tiene pinta de ser solo caminante, da la sensación de que va bien lejos, y aunque lo vemos detenidamente no parece reparar en nosotros. Tres horas después, llegamos a Durango, un ciudad que en realidad es un domingo, la ciudad se debería llamar domingo no Durango, todos están en el parque comiendo frutas con chile, comprando globos y tomando helados, la americana y la australiana cuchichean todo el tiempo, viajan para chismear, no hay duda. Ya a la madrugada llegamos a Zacatecas, es 16 de septiembre y la ciudad esta en fiesta, hay cohetes y música en la calle. El parque es una pista de baile, la australiana se deja llevar por el tequila y los paisanos con ojos borrachos me miran bailando con una mujer de clara pinta extranjera, comenzamos a besarnos al ritmo de la tambora. De mi amigo no se nada hasta el otro día. Una vez besados, nosotros y las dos chicas decidimos separarnos. Las vacaciones terminan. Quince días después vuelvo a Zacatecas, vuelvo esta vez con mi novia, nos vamos a un café en el centro. Justo ahí le cuento la historia de la australiana, y como sabe que me debe una y me tiene que perdonar. Pero eso no evita que me odie durante todo el día. Mientras, caminamos en silencio por la ciudad rosada, visitamos, sin tan si quiera tomarnos de la mano, los museos de los hermanos Coronel, particularmente en las pinturas de Pedro aparecen todos los colores del domingo, me doy cuenta que hay un tema que domina en la pintura mexicana, los domingos en el parque, si duda el momento mas esperado por todos desde el Lunes. Después, pensando en estos domingos, nos sentamos en la calle para tomarnos un helado, entonces veo una imagen inesperada, el caminante esta sentado enfrente de nosotros, tiene la misma barba, los mismos pantalones y la misma mochila, y aunque está sentado comiendo algo, veo que todavía le falta mucho camino por recorrer. Me doy cuenta que esta historia no la escribo yo, sino que la escribe este caminante, que ordena una secuencia de sucesos que sin su presencia no tendrían la forma narrativa de un viaje. | | Friday, March 25th, 2005 | | 9:29 pm |
Berlín, espacio y memoria.
Terreno Baldío o Jardín: En la ciudad hay tantos edificios y espacios vacíos que uno se pregunta la razón por la cual se decidió hacer una ciudad para más personas de las que tiene. Caminas entre los edificios, te adentras en ellos y ves como las paredes están llenas de bicicletas y grafitis. Entre medio de todos estos departamentos ves los pequeños espacios que la gente utiliza para asar salchichas, jugar ping pong, o plantar algunas hortalizas, una actividad que utiliza el 15% del suelo urbano de la ciudad. Tanto espacio vació se reutiliza, en una esquina donde un edificio espera para ser construido, alguien decide que mientras este edificio llega, el espacio bien puede ser un jardín, o la terraza de un café, o que las naves industriales abandonadas pueden llenarse de arena y convertirse en playas improvisadas y que los viejos barcos pueden ser terrazas para tomar una cerveza o un café a la orilla del río spree. Memoria: Berlín es la única ciudad en el mundo que fue nazi, que posteriormente fue mitad capitalista mitad comunista y que durante buena parte de la década de los noventa fue pobre en medio de un país rico. En la actualidad aunque ya no hay muro, la ciudad todavía mantiene su pasado abierto, puesto que olvidar sería cometer un error. Hay memoriales a su derrota, a sus crímenes y en general a un pasado que no es tan lejano y que no sólo tiene que servir como referente para los alemanes sino que también al mundo entero. Por eso uno tiene que saber que cuando está en Berlín se convive con una ciudad que ha sido atravesada por todos los totalitarismos del siglo XX, y que quizá por eso ahora se resiste a tener una forma final y así no enterrar el pasado. Por lo que es más bien como el ángel de Walter Benjamín, una ciudad que avanza hacia el futuro mirando hacia atrás viendo las ruinas que deja a su paso. Construir sobre lo destruido: Tanto la memoria histórica de la ciudad y como sus terrenos baldíos tienen un origen común, la destrucción o al menos la imposibilidad de construir. Es precisamente en este contexto en el cual las grúas se elevan por el cielo de Berlín como si fueran los brazos de los arquitectos que se siente amenazados, y que tratan de crear de nuevo el espacio de una ciudad llena de grietas. Y que sin embargo se siente cómoda entre terrenos baldíos, naves industriales abandonas, cafés construidos para los altos mandos del ejercito rojo y ahora utilizados como salas para concierto punks, familias completas andando en bicicleta y jóvenes leyendo el periódico en cualquier espacio de la ciudad en el que se pueden sentar. | | Thursday, March 10th, 2005 | | 7:38 pm |
San Sebastián y el lenguaje del mar.
Cuando llegue a San Sebastián lo primero que pensará es que toda esa gente que tiene el mentón cuadrado, es alta y responden sin mirarle mientras siguen haciendo sus deberes le odia. Y, al mismo tiempo, se dará cuenta de toda la cantidad de palabras de cortesía que se utilizan en el español mexicano y que en el español vasco simple y sencillamente no existen. Los vascos y los mexicanos hablamos el mismo idioma, pero de forma tan diferente que es como si ellos hablaran vodka y nosotros agua de horchata. Sin embargo, después de un rato usted notará que esta carencia de modales, es precisamente lo que define su carácter sobrio y humor directo. Toda ciudad es también un lenguaje, y San Sebastián utiliza la sobriedad y desnudes de su lenguaje para crear un discurso elegante y compacto. La ciudad carece de los cada vez más utilizados edificios mediáticos, esto no quiere decir que la ciudad niegue la modernidad o que se mantenga intacta como una ciudad condenada a ser un museo, contrariamente la ciudad permite una interacción constante entre edificios de todo el siglo XX, pero siempre dentro de un discurso que favorece la ciudad y no a los edificios. Un ejemplo de esta situación son los denominados popularmente cubos de Moneo, que albergan el Palacios de Congresos y el Auditorio de Kursaal. Éstas construcciones que en realidad no son cubos, sino que juegan con la perspectiva del cubo, se alzan entre la playa y la ciudad con la misma sobriedad con la que la ciudad se aprieta y con la misma naturalidad con la que los peñascos rodean la ciudad. Pero su mayor atributo es que el edificio habla el mismo lenguaje que la ciudad sin jugar a con las mismas reglas, como si un juego de lenguaje se tratara. La misma situación pasa con el peine del viento, que se encuentra al final de la playa de la concha, unas enormes estructuras de metal que son abatidas por el golpeo constante del mar y que con óxido pintan las piedras que los aguantan. Dentro de un lenguaje sobrio la metáfora se abre camino pero sin lastimar el discurso. Lo único que no es sobrio en esta ciudad es el mar, pues uno de cualquier manera siempre está obligado a verle y escucharle. Y aunque el mar se estrella con violencia frente a la ciudad, no piense que le odia, es sólo el nacimiento de un lenguaje. | | Tuesday, February 8th, 2005 | | 7:02 pm |
Una Isla.
En el mediterráneo han existido innumerables civilizaciones que han gestado gran parte de las bases de la cultura que ahora denominamos occidental, y aunque bien sabemos que todos los occidentalismos tienen su propia versión, nadie puede negar que muchas de las ideas que conocemos proceden de esta región. Justamente en el medio de éste mediterráneo se encuentra Cerdeña, una isla donde uno llega a sentirse en el medio de todo y nada. Es un lugar que por decir algo, es Italia, y sin embargo la gente de Cerdeña, los Sardos, cuando van a Roma dicen que van a Italia. Es también en ésta isla donde la gente te explica que ellos hablan sardo y no italiano, entonces les pides que hablen en sardo y te dicen que sólo sus abuelos lo hablan. También en esta Isla es donde se encuentra Fertilia un poblado de estética fascista creado en la época de Mussolini, donde me perdí en un coche antes de llegar al aeropuerto. Cerdeña es el ojo de un huracán donde vemos como alrededor circula la historia, mientras que en el centro la vida continúa igual. Esta historia también incluye Tarros, los restos de un poblado romano que ahora es vigilado por una torre medieval, y que a su vez está rodeada de modernas cafeterías donde los turistas dejan sus coches y miran el atardecer. La misma historia que vio la construcción de los Nuraghis, formaciones de piedra que están por toda la isla, lo que da pie a una leyenda en la cual se narra como a dios, en un día de creación, se le ocurrió aventar todas las piedras que le sobraban a esta isla. Yo más bien hubiera pensado que se le ocurrió aventar todos los trozos de historia, y que de ahí, cada trozo de historia dejó su vestigio como construcciones de piedras. Pero si esto les resulta un poco confuso, les digo además que en Cerdeña existe una ciudad que se llama Alguero y que según se describe en los manuales de viaje se habla catalán, y sin embargo la única gente que habla catalán en toda la ciudad son los catalanes, que encuentran en esta ciudad el motivo ideal para un turismo chovinista. Mas aún en el centro de Cerdeña, existe un hermoso pueblo que se llama Laconi, donde paré en una casa que compartí con unos 20 Alemanes, de los cuales a 17 les expliqué donde queda Córdoba, Veracruz, la ciudad donde vive mi familia. Tal vez lo más curioso en medio de esta confusión histórica y geográfica, fue que la gente en las calles me comenzó a identificar como el “Mexicano”, me pitaban y me saludaban alegremente diciendo algo así como bona cera Mesicano. Estaba ahí en medio de todo y de nada, y era más mexicano que nunca, algo tan inexplicable, que cuando de regreso en el avión me topé con Carod Rovira el secretario de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), el partido nacionalista Catalán, me dieron ganas de decirle que todos los países están condenados a ser como Cerdeña, un vacío rodeado de historias y lenguajes que al morir dan vida a otros. | | Friday, February 4th, 2005 | | 9:06 pm |
W.G. Sebald, viajero interior.
Muchos afirman que la causa original que movía al viajero ha sucumbido ante la rapaz actividad del turista, ya que mientras el viajero tradicional se posaba frente a si mismo pero en otro lugar, el turista realiza una actividad de consumo en otro lugar. El turista es al paisaje lo que el comprador al escaparate. Y si bien todo esto cae en la lógica actual de acumulación del deseo, puesto que cada vez es más grande la cantidad de estímulos que nos generan la ansiedad de ir a otra parte, creo que en el fondo la mayoría seguimos buscando en otros lugares algo que se mueva dentro de nosotros. En una conferencia en la que asistí en la Escuela Nacional de Historia y Antropología en Ciudad de México, el Antropólogo Marc Augé afirmaba, si bien lo recuerdo, que el viaje siempre ha representado para el hombre un ritual que busca tanto el desplazamiento espacial como un recorrido en nuestro interior. El viaje en búsqueda de una parte de nosotros mismos ha sido una constante de muchas de las formas del arte, ya sea en el cine mediante las películas de viaje o road movies, en la escritura mediante la novela de viajes, o incluso en el arte conceptual mediante los artistas del Land Art o las Bitácoras del Holandés residente en México Jan Hendrix. Sin embargo, recientemente el alemán W. G. Sebald en su libro Vértigo es quién mejor puede combinar mucha de las ideas de todos estos géneros. Este libro está escrito de una forma poco ortodoxa, puesto que en lugar de tener una continuidad temporal tiene digámoslo así una continuidad espacial, es decir una trayectoria en el espacio. Los capítulos saltan de tema y tiempo, pero la trayectoria sigue implacable un viaje que trasporta al lector del Norte de Italia a Austria y luego al sur de Alemania, cada uno de estos lugares tiene tras de si una historia que contar. A su vez, la novela es una especie de bitácora de viaje, donde el narrador conjuga imágenes, documentos y escritura, mediante esta combinación de elementos el viaje espacial se hace también un viaje por la memoria. Esta memoria no queda restringida al recuerdo personal, ya que también expresa los recuerdos colectivos que se apoderan de un lugar y lo convierten en un mapa de la historia. Un capitulo de especial belleza narra el regreso del narrador a su pueblo de la infancia, el viaje no es más que un pretexto para buscar en los recuerdos, en los detalles que de niño le llamaron la atención y que aun siguen inquietándole. Su pueblo natal es el mismo y no, los personajes salen de la tumba del recuerdo para recibir una nueva vida y por supuesto para darle una nueva vida al pueblo. Si como plantea Sebald el recuerdo y el viaje son contingentes, seria conveniente sentarnos frente al álbum familiar y ver todas esas fotos que muchos de nosotros tenemos de Chachalacas, Puente Nacional, Tajín o Tlacotalpan. Y ahí observar si todo corresponde a nuestro recuerdo, ¿Serán los lugares iguales?, ¿Seremos nosotros iguales?. Tal vez viajando podremos descubrirlo. | | 9:03 pm |
Al parque.
Se podría hacer una lista de los elementos principales que conforman la actividad de ser turista y seguro que cambiaría en función de los gustos de cada turista, pero sin duda el parque sería un elemento de casi todas las listas. El parque desempeña un papel importante en las actividades propias del turista. En algunas ocasiones le permite descansar de su recorrido, en otras los parques se sitúan exactamente junto al lugar que hemos visitado, o a veces son por si mismos un lugar que vale la pena visitar, como los jardines del palacio de Versalles, el Parque Güell en Barcelona o porque no decirlo Chapultepec. Los parques también permiten al turista observador descubrir varios detalles sobre la historia y el simbolismo de la cultura en los lugares visitados. Los parques son representaciones espaciales de algunas características fundamentales de cada cultura, como es el caso de la relación que cada sociedad tiene con la naturaleza. Pongamos como ejemplo Berlín, esta ciudad está plagada de inmensos parques que dan la sensación de desbordar las calles o los edificios contiguos, incluso a veces cuesta distinguir cuando estamos en un bosque tal cual o cuando estamos en un parque en el medio de la ciudad. A diferencia de otras ciudades influidas con el modelo de ciudad Jardín de Finales del Siglo XIX, la naturaleza de los parques de Berlín tiende a crecer con mayor libertad. Incluso en el Tiergarten en pleno centro de la ciudad la separación entre lo urbano y la naturaleza es muy marcada. Tal vez algún ciudadano parisino tendrá la idea de que los parques de Berlín le presentan un cierto descuido, y esto es precisamente porque la relación entre el hombre y la naturaleza procede de una tradición distinta en cada país. Un ejemplo opuesto al de Berlín podría ser los Jardines de Luxemburgo en Paris (visita obligada para el turista), los cuales presentan un ordenamiento impecable del espacio, con caminos perfectamente delimitados y diversos tipos de flores que establecen formas simétricas, es decir son una extensión del orden urbano. Esta situación puede ser explicada a través de la influencia de sus dos tradiciones intelectuales; por un lado el romanticismo Alemán y su visión del hombre en contacto directo de la naturaleza libre, y por el otro lado el racionalismo Francés donde la mano del hombre ordena y delimita a la naturaleza. En México el parque es una especie en peligro de extinción, de lo poco que queda llama mucho la atención la separación con pequeñas cercas que existe entre las zonas verdes y el concreto. También sorprende la constante existencia de letreros que prohíben pisar el césped, como si de propiedad privada se tratara. Esto se puede deber a que nuestra idea de la naturaleza todavía tiene la herencia revolucionaria, donde la naturaleza es el campo siempre sujeto a ser apropiado. O tal vez la vemos como los en cuentos de Rulfo donde la naturaleza y naturaleza humana comparten crueldades, y por eso la despreciamos. Sea cual sea la respuesta, Los parques de Xalapa en general y el parque hundido en Ciudad de México son algunas de esas excepciones dignas de una visita, y que permiten esos pequeños descansos que tanto los turistas como los ciudadanos merecemos después de un largo rato de ver puro cemento. | | 8:59 pm |
JVC y Guadalajara, ¿Lo que Gehry a Bilbao?
¿Cómo es que una ciudad en plena decadencia industrial puede convertirse en una de las mayores atracciones turísticas de un país? Esta pregunta se la hicieron hace algunos años en Bilbao. La ciudad fue durante muchos años uno de los centros industriales más importantes de España, sin embargo en una economía donde los servicios han sobrepasado con mucho en importancia a la economía de la manufactura, una ciudad con estas características tiene que plantearse por completo su posición en la red productiva de un país, de otra manera tendría que afrontar su decadencia. La solución llegó a partir de la renovación de la zona del río que atraviesa la ciudad, pero sobre todo afianzada en un proyecto, el museo Guggenheim de Frank Gehry. Este edificio de piel de Titanio ha sido considerado por mucha gente como una de las obras maestras de la arquitectura contemporánea, su forma espectacular semejante a una flor de metal resalta en las apretujadas calles de Bilbao. En la actualidad gran parte del Turismo que antes sólo pasaba por San Sebastián ahora elige como destino Bilbao, conocer el museo es una visita obligada, mas allá de cualquier exposición que contenga. De golpe, la ciudad sufrió una transformación, que en otras ciudades industriales como Liverpool o Detroit, ha costado años. Este intento por otorgarle singularidad a una ciudad a mediante edificios mediáticos ha cobrado un boom sin precedentes, cualquier ciudad que se precie de tener una oferta turística y cultural debe construir su propio edifico mediático. Se podían citar varios ejemplos, pero lo que es un hecho es que los arquitectos mediáticos, ya sea Libeskind, Nouvell, Ito, Perrault, Koolhaas o Gehry, se han convertido en las nuevas estrellas indispensables para cada proyecto urbano que se diga moderno. Actualmente Guadalajara ha entrado en el juego de la transformación urbana y turística mediante los edificios mediáticos. El centro cultural JVC, financiado por el Multimillonario Jorge Vergara, plantea inicialmente la participación de tres de los arquitectos de más prestigio a nivel internacional: Nouvell, Ito y Libeskind, este último el encargado de sustituir las torres Gemelas en Nueva York. A tales nombres habrá que sumar arquitectos mexicanos de fama internacional como Norten y González de León. El proyecto se estima de un costo de 800 millones de dólares, es decir ocho veces más caro que el proyecto de Gehry en Bilbao. Por si fuera poco la fundación Guggenheim ha decidido que realizará un museo en la ciudad. Con todos estos proyectos, Guadalajara es la primera ciudad mexicana que plantea un nuevo modelo de turismo, dejando a un lado los modelos tradicionales de sol y playa o ciudad colonial. Guadalajara se puede convertir en la capital cultural de la postmodernidad mexicana, donde cada discurso social tiene su gran obra; desde el religioso con la inmensa iglesia de la luz del mundo y el proyecto nunca terminado de la iglesia de los Mártires, pasando por megaproyecto JVC, y culminado con el contrastante barrio de Santa Cecilia que deja asomar su marginalidad en medio de una ciudad que quiere cambiar su perfil. Articular toda esta transformación urbana como un contenido social y cultural uniforme será sin duda un reto para Guadalajara. | | 8:54 pm |
La colonia Güell: utopías y paradojas.
Una utopía es un lugar inexistente, un lugar digámoslo así, que sólo existe en la imaginación, y que sin embargo es la base de todo programa turístico. Cuando pensamos en un viaje lo primero que nos mueve es el deseo de encontrar estos lugares imaginados, por lo que cada lugar respondería a las pequeñas utopías del viajero. En este sentido una de las utopías mas extendidas en la actualidad es la del pueblo pequeño donde la vida conserva su simplicidad. Una representación de esta vida social apacible y bajo control se puede ver claramente en el pueblo-utopía de la Película del Show de Truman, mientras que en la industria del turismo se puede observar en la proliferación de destinos turísticos que funcionan como escape de la vida “conflictiva” citadina, como es el caso de Tepoztlán, Valle de Bravo e incluso San Miguel Allende. Resulta curioso pensar que esta idea, tan de moda en la actualidad, y que se extiende como un paradigma del urbanismo y el turismo, tenga una gran cantidad de antecedentes históricos. Un caso muy interesante es el de la Colonia Güell en las afueras de Barcelona. Esta comunidad, de tintes utópicos, fue construida alejada del “mundanal” ruido de la ciudad y permitía que la vida de los trabajadores de una fábrica de textiles pudiera transcurrir de manera apacible en una pequeño complejo habitacional construido al lado. La colonia contaba con todos los servicios que el trabajador requería, escuela, hospital e incluso una iglesia, todo esto a menos de 100 metros del lugar de trabajo. El proyecto fue construido bajo la herencia del modernismo catalán, lo cual le da un carácter muy especial y además cuenta con una capilla construida por Gaudí, quien también supervisó el diseño del pueblo. Esta capilla resulta ser el principal atractivo de la comunidad y a pesar de ser uno de los diseños más sobrios y elegantes de Gaudí cuenta con una escasa afluencia de turistas. El notable proyecto encargado por el conde Eusebi Güell envuelve cuatro paradojas sobre la vida moderna en general y sobre el turismo en particular: la primera es que la fábrica es el lugar moderno por excelencia, y el proyecto mediante la creación de una forma de vida casi rural plantea una negación de la modernidad. La segunda es que una utopía al existir deja de ser utopía o al menos se convierte en la utopía de alguien que habita fuera de esta comunidad. La tercera tiene que ver con el turismo, puesto que por un lado el arquitecto catalán ha contribuido mucho a que Barcelona sea uno de los centros turísticos más visitados del mundo, lo que la transforma en una utopía para el visitante, mientras que por otro lado su propia utopía se ha convertido en su obra menos visitada. La paradoja final radica en el hecho de que esta falta de turismo convierte a la colonia en un lugar apacible y entrañable. |
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